- Fue un regalo.
Él estaba aterrorizado. Toda su belleza se volvió terrible. Su voz sonaba como el silbido de la serpiente.
- Márchate.
- No. No sin él.
El cielo pareció oscurecerse. El aire se hizo más denso. Y él pareció crecer. Sus rasgos se desdibujaron. Y por un segundo pareció un niño. Un animal.
- Este es mi reino. Márchate. No hay nada que puedas hacer.
- Sí.
Sentí la conjoga de lo que iba a decir. Como si un frío espeso se pegase a mi piel.
- Hay algo que puedo hacer. Sé tu nombre.
Y entonces su cara se desencajó.
- No puedes saberlo.
- Lo recuerdo. Lo recuerdo de cuando era una niña.
Y su voz fue una súplica. Sus ojos eran acuosos y asustadizos. Y su voz un susurro.
- Márchate y llévatelo contigo.
- Márchate.
- No. No sin él.
El cielo pareció oscurecerse. El aire se hizo más denso. Y él pareció crecer. Sus rasgos se desdibujaron. Y por un segundo pareció un niño. Un animal.
- Este es mi reino. Márchate. No hay nada que puedas hacer.
- Sí.
Sentí la conjoga de lo que iba a decir. Como si un frío espeso se pegase a mi piel.
- Hay algo que puedo hacer. Sé tu nombre.
Y entonces su cara se desencajó.
- No puedes saberlo.
- Lo recuerdo. Lo recuerdo de cuando era una niña.
Y su voz fue una súplica. Sus ojos eran acuosos y asustadizos. Y su voz un susurro.
- Márchate y llévatelo contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario