miércoles, 12 de marzo de 2008

Come away with me - Parte XXXVIII

Era alto. Y hermoso. Dolorosamente hermoso. Y vestía de verde. De un verde vivo. Unas ropas que no se habría podido definir en el tiempo. Eran viejas. De hace mucho. Pero no sabría decir cuanto.
Y sus ojos brillaban. Resplandecían. En un verde oscuro e intenso.
- He venido a por lo que es mío.
Su voz la sonó extraña. Como lejana. Como si no fuese ella quien hablase. Él sonrió, con esa sonrisa inocente. Con esa sonrisa que escondía tanto. Tanta falsedad.
- Aquí ya no hay nada tuyo.
Y lo vi. Lo acariciaba con una mano. A mi hijo. ¿Pero seguía siendo mi hijo? Comenzaba a ser uno de aquellos seres. De aquellos seres que antes habían sido niños. Pero seguía siendo mi hijo. Aún no era uno de ellos. Aún era un niño.
- Él es mío.
Lo señalé. Y el volvió a sonreír.
- No. Ya no. Aparte. ¿Cómo volverás? Es realmente que encontrases el camino hasta aquí. ¿Pero podrás encontrar el de vuelta?
Giré mi mano izquierda y me miré la palma. Cuando me fijé en su cara estaba casi aterrorizado. Su voz sonó débil, asustadiza.
- ¿Cómo conseguiste ese anillo?

No hay comentarios: