martes, 11 de marzo de 2008

Come away with me - Parte XXXVII

Era un jardín. Había árboles cargados de flores de colores vivos y la hierba estaba bien cortada y era de un verde esmeralda. El viento la mecía con una suavidad delicada, conmovedora. Y todo estaba lleno con ese olor a flores silvestres.
También había animales. O al menos parecían animales.
Cuando se acercó a ellos dejaron de parecerlo.
Estaban desnudos y cubiertos de pelo, o plumas. Tenían ojos sin iris ni pupilas. Sólo de un único y brillante color. En la mayoría de los casos negro. Algunos se volvieron para verla pasar. Recordaban a aves o perros de caza. Pero no lo eran. Era evidente que habían sido niños, en otro tiempo, hacía mucho. Pero ya no.
Isabel siguió caminando. Los antes niños la miraban al pasar. En silencio. Como miran los predadores antes de saltar sobre la presa.
Pero ella siguió caminando.
Y entonces sonó una voz. Dulce, aterciopelada, arrebatadora.
Y tan conocida como un sueño olvidado.
- Bienvenida de nuevo. ¿Cómo has llegado hasta aquí?

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