Isabel cogió a su hijo de la mano y se dio la vuelta. Según andaban los pocos rasgos animales de Daniel se fueron atenuando, haciéndose más humanos. Hasta desaparecer.
- ¿Pueden venir mis amigos conmigo mamá?
Ella miró alrededor y vio a todos aquellos animales-niños que los observaban con pavor. Y supo que el mundo ya no era lugar para ellos. Que nunca podrían volver. Y que de hacerlo, sólo sería peor.
- No hijo.
El pareció entristecerse. Ella se puso de cuclillas junto a él, y le acarició la barbilla mirándole a los ojos por un instante.
Entonces le besó la frente.
- Venga. Tu tía debe de estarnos esperando.
Caminaron hacia la entrada del laberinto y el mundo entero pareció llenarse de luz.
- ¿Pueden venir mis amigos conmigo mamá?
Ella miró alrededor y vio a todos aquellos animales-niños que los observaban con pavor. Y supo que el mundo ya no era lugar para ellos. Que nunca podrían volver. Y que de hacerlo, sólo sería peor.
- No hijo.
El pareció entristecerse. Ella se puso de cuclillas junto a él, y le acarició la barbilla mirándole a los ojos por un instante.
Entonces le besó la frente.
- Venga. Tu tía debe de estarnos esperando.
Caminaron hacia la entrada del laberinto y el mundo entero pareció llenarse de luz.
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