sábado, 1 de marzo de 2008

Come away with me - Parte XXVII

Isabel llamó a la puerta, que se abrió sola. Dentro había una habitación pequeña. Abarrotada de polvo, libros y estanterías viejas. La luz entraba por entre las resquebrajaduras del cristal, junto con el viento frío que traspasaba la ventana. Aquel lugar olía a hierba fresca y a tierra mojada. Y a cientos de guisos de muchos días.
Isabel se adentró en la habitación. El polvo ascendía en remolinos a cada paso, jugando entre los haces de luz. Algo pequeño se movió entre los libros y aparatos de una de las estanterías. Siguió avanzando hacia la otra puerta. Su sombra se deslizó por el suelo. Entonces oyó una voz:
- Ya era hora hija mía.
En la cocina había una mujer. Una anciana. Estaba de espaldas y atendía una pequeña tetera. Isabel supo que sonreía. Ella también lo hizo.
- Siéntate. Es hora de que hablemos.

No hay comentarios: