domingo, 2 de marzo de 2008

Come away with me - Parte XXVIII

Las dos mujeres se sentaron en una mesa con un desgastado mantel rojuo. La anciana sonrió.
- ¿Sabes? Nunca me ha gustado demasaido el té. Pero a mi edad ya no me siente bien el café.
Ambas sonrieron de forma complice por un momento. Después se hizo el silencio. Al final la anciana volvió a hablar.
- ¿Sabes por qué estás aquí?
Isabel asintió.
- Y sabes que a tu hijo se lo llevaron. - No fue una pregunta, sino una afirmación. - Pero no gente normal, sino alguien distinto.
- Sí.
Isabel asintió con dolor. Con conciencia de lo que suponía aquella respuesta.
- Puedo ayudarte a llegar hasta él. Pero traerle de vuelta está solo en tus manos. ¿Estas dispuesta a recorrer ese camino y a encontrarte con quien este esperando al final de él?
Isabel la miró con ojos asi vacíos. Y sólo dijo una palabra.
- Sí.

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