martes, 4 de marzo de 2008

Come away with me - Parte XXX

Las sombras del bosque se fueron volviendo más densas, y los sonidos del mundo que fue dejando atrás se fueron amortiguando poco a poco, hasta que no quedó más que el estruendoso silencio de los lugares oscuros.
Los árboles se cerraron unos sobre otros. Las baldosas se hundieron entre el barro, y ya sólo sobresalían pálidas y desgastadas de vez en cuando. Las enredaderas se hicieron cada vez más abundantes y espesas. Y se llenaron de espinas, largas y gruesas, como cuchillos afilados en aquel albor del anochecer.
Y siguió lloviendo. Una lluvia que no era ni fuerte ni suave. Ni liviana ni espesa. Tan solo una lluvia pegajosa que calaba con solo rozar. Y fría, fría como solo pueden serlo las cosas largo tiempo muertas.
Y todo siguió así por un tiempo.
Hasta que algo sonó en la lluvia.
Era como una canción.
Como una nana. O una sonata triste.
Y hablaba de un sitio...
...Donde nunca amanecía.

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