Isabel se despertó con un halo de extrañeza rondando su cabeza. Con una cierta pesadez que la nublaba el pensamiento. Bajó las escaleras con pasos pequeños hasta la cocina. Su hermana la saludó con una media sonrisa.
- Parece que hoy has dormido bien.
- ¿Qué hora es?
- Casi las doce.
Se sentó y la sirvió café.
- Me duele todo el cuerpo. Y la cabeza me da vueltas.
-Tal vez deberías de qquedarte hoy aquí. Necesitas dencansar. Llevas demasiados días al límite, buscándole sin parar...
Pero Isabel ya no la escuchaba. En su dedo anular había un anillo de oro. Y entre sus manos amasaba de forma inconsciente unas cuentas migajas de pan. Y entonces supo que debía hacer. Y asintió.
- Sí. Será mejor que hoy me quede aquí.
- Parece que hoy has dormido bien.
- ¿Qué hora es?
- Casi las doce.
Se sentó y la sirvió café.
- Me duele todo el cuerpo. Y la cabeza me da vueltas.
-Tal vez deberías de qquedarte hoy aquí. Necesitas dencansar. Llevas demasiados días al límite, buscándole sin parar...
Pero Isabel ya no la escuchaba. En su dedo anular había un anillo de oro. Y entre sus manos amasaba de forma inconsciente unas cuentas migajas de pan. Y entonces supo que debía hacer. Y asintió.
- Sí. Será mejor que hoy me quede aquí.
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