Fuera llovía. Con fuerza, una lluvia fría y penetrante. De las que cala los huesos hasta la médula. Isabel se revolvía en la cama. Un anillo con su nombre escrito brillaba ligeramente en la mesilla. Mientras ella se hundía poco a poco, cada vez más en las sábanas, deslizándose hacia el sueño. Hacia esa tierra oscura. Hacia ese pasillo blanco.
Y siente el tacto del osito de peluche entre sus dedos. Suave, cálido. Y siente la tranquilidad de tenerlo entre los dedos. De sentirlo cerca.
- ¡Mamá!
Se vuelve. Su hijo la llama con una voz amortiguada. Ella sonríe. Él la llama con la mano y comienza a correr por el pasillo de luz. Le sigue. Corre. Llamándole, llamándole sin cesar. Hasta que le ve quieto, esperándola al final.
Tiene el brazo extendido y una sonrisa en los labios. Ella le mira sin saber qué decir. Él sigue sonriendo y asiente. Sigue la dirección del brazo con la mirada. Es una casa vieja, en medio en la linde de bosque viejo.
- ¿Tengo que ir allí?
Él asiente.
- ¿Cómo?
La tiende un bollo de pan. Ella lo parte y cruje en sus manos. Dentro algo brilla. Sus dedos se deslizan entre la miga esponjosa y lo coge. Y lo ve al alzarlo a la altura de los ojos. El anillo de oro.
Y sólo queda un aleteo junto a su oído.
Y siente el tacto del osito de peluche entre sus dedos. Suave, cálido. Y siente la tranquilidad de tenerlo entre los dedos. De sentirlo cerca.
- ¡Mamá!
Se vuelve. Su hijo la llama con una voz amortiguada. Ella sonríe. Él la llama con la mano y comienza a correr por el pasillo de luz. Le sigue. Corre. Llamándole, llamándole sin cesar. Hasta que le ve quieto, esperándola al final.
Tiene el brazo extendido y una sonrisa en los labios. Ella le mira sin saber qué decir. Él sigue sonriendo y asiente. Sigue la dirección del brazo con la mirada. Es una casa vieja, en medio en la linde de bosque viejo.
- ¿Tengo que ir allí?
Él asiente.
- ¿Cómo?
La tiende un bollo de pan. Ella lo parte y cruje en sus manos. Dentro algo brilla. Sus dedos se deslizan entre la miga esponjosa y lo coge. Y lo ve al alzarlo a la altura de los ojos. El anillo de oro.
Y sólo queda un aleteo junto a su oído.
No hay comentarios:
Publicar un comentario