La anciana tapó el espejo con cuidado, cubriéndolo con una manta vieja.
- Bien. Esto es mucho mejor de lo que yo esperaba. Está bien.
La anciana atravesó la pequeña salita que era su casa y cogió un farol que colgaba de un gancho junto a la puerta.
- Ahora tendré que traerla aquí.
Se echó un enorme chal por encima y salió fuera.
- Pero eso será aún más fácil.
La brisa revolvió su pelo quebradizo y ceniciento. Llevándose consigo las primeras hojas de otoño. La luz tenue del farol iluminaba la entrada al bosque. Oscuro, denso, terrible. La anciana sonrió.
- Ya es hora de cobrarse algunas viejas deudas.
- Bien. Esto es mucho mejor de lo que yo esperaba. Está bien.
La anciana atravesó la pequeña salita que era su casa y cogió un farol que colgaba de un gancho junto a la puerta.
- Ahora tendré que traerla aquí.
Se echó un enorme chal por encima y salió fuera.
- Pero eso será aún más fácil.
La brisa revolvió su pelo quebradizo y ceniciento. Llevándose consigo las primeras hojas de otoño. La luz tenue del farol iluminaba la entrada al bosque. Oscuro, denso, terrible. La anciana sonrió.
- Ya es hora de cobrarse algunas viejas deudas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario