La puerta se abrió un chico joven de uniforme entro con una carpeta llena de papeles.
- Adrián dime que son buena noticias.
- Lo siento, inspector. Las cámaras de la gasolinera tampoco captaron a nadie.
Él suspira.
- Es absurdo. Ese niño no puede haberse volatilizado.
Adrián se encogió de hombros.
- Tal vez fue la madre.
- No había nada en la casa. La pusimos patas arriba de cabo a rabo.
Cogió la carpeta de papeles de las manos del otro policía y comienza a ojear los papeles.
- Son los informes sobre las declaraciones de los vecinos.
- Nadie vio nada, ni oyó nada. Todo el mundo estuvo en casa pronto y nadie pisó la calle en toda la noche.
Levanta la vista y mira al policía
- Y ninguna cámara captó a nadie en toda la noche. Ni la del cajero, ni la de la gasolinera, ni las de las tiendas. Ni ninguna. ¡Es como si el mundo entero se hubiese puesto de acuerdo para que no ocurriese absolutamente nada en toda esa calle durante toda la puta noche!
Tiró la carpeta contra el escritorio. Y se cogió la frente con las manos.
- Inspector. No se atosigue. Muchos de estos casos no se resuelven nunca. Nadie le presiona.
- Hay un niño ahí fuera desaparecido. No hace falta que nadie me presione.
- Marcos. Te conozco desde que entramos al cuerpo. No durarás mucho si sigues tomándotelo todo así.
- Adrián me han destinado a un departamento al que nadie tiene en cuenta. A investigar los casos que nadie quiere, en la peor comisaría de la ciudad. Sinceramente, no creo que vaya a llegar muy lejos. Preocuparme por hacer un buen trabajo es lo único que me queda.
El otro policía asintió y se dirigió a la puerta.
- Solo espero que no se queme demasiado pronto inspector.
Cerró la puerta al salir mientras el inspector se quedó allí sentado pensando en qué era lo que se le escapaba de todo aquello.
domingo, 17 de febrero de 2008
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