La anciana giró aquella cosa negra entre sus dedos.
- ¿Qué es exacatamente esto? ¿Un botón? Os pedí algo de gran valor para el chico.
- Y lo es.
- No podíamos traer a su osito. Era demasiado grande.
- Pero sí que podíamos traer uno de los ojos del osito.
La anciana los miró. Uno sonreía de forma autocomplaciente, el otro de forma ingenua.
- Vaya, al final no vais a ser tan tontos como parecíais.
Uno de aquellos pequeños hombrecillos enarcó una ceja con cierto aire de incredulidad.
sábado, 16 de febrero de 2008
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