- No aún nada... No, gracias... No, no te preocupes... Todo lo bien que puede estar... No, gracias a tí.
Isabel la miraba desde el quicio de la puerta.
- ¿Quién era?
- La prima Rosa. Quería saber si ya sabíamos algo y qué tal estabas.
Isabel asintió, cansada, incapaz de mucho más.
- ¿Qué tal estas?
- Todo lo bien que se puede estar, supongo.
Asintió. La comprendía.
- Me ustaría salir a pegar algunos carteles por si alguien le ha visto María.
- De acuerdo. Iré preparando el desayuno.
Salió por la puerta dejando a su hermana sola en el salón.
La luz fue llenando poco a poco la habitación, como si se fuera derramando por toda ella. Y allí de pie tuvo la sensación de que había algo que debía de recordar, algo que se había ido desvaneciendo con el amanecer. Y entonces, estando allí de pie se sintió más sola de lo que se había sentido nunca.
Isabel la miraba desde el quicio de la puerta.
- ¿Quién era?
- La prima Rosa. Quería saber si ya sabíamos algo y qué tal estabas.
Isabel asintió, cansada, incapaz de mucho más.
- ¿Qué tal estas?
- Todo lo bien que se puede estar, supongo.
Asintió. La comprendía.
- Me ustaría salir a pegar algunos carteles por si alguien le ha visto María.
- De acuerdo. Iré preparando el desayuno.
Salió por la puerta dejando a su hermana sola en el salón.
La luz fue llenando poco a poco la habitación, como si se fuera derramando por toda ella. Y allí de pie tuvo la sensación de que había algo que debía de recordar, algo que se había ido desvaneciendo con el amanecer. Y entonces, estando allí de pie se sintió más sola de lo que se había sentido nunca.
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