Fuera comenzaba a amanecer. La luz empezó a verterse por la habitación vacía. Los dos hombrecillos se deslizaron por las sábanas hasta el suelo. Uno de ellos recorrió la habiatción con la vista y después echó a correr. El otro le siguió hasta el otro extremo de la habitación.
- No podemos llevarnos eso.
- Tenemos que llevárnoslo.
- Es físicamente imposible que nos lo podamos llevar.
- Eso lo dices porque no confías en Irina.
- Lo digo porque es imposible que podamos sacarlo por la ventana y que nadie se de cuenta. El que no confíe en ella es cosa aparte.
El primero de los hombrecillos resopló resignado. Un teléfono sonó a lo lejos. Los dos se miraron preocupados. El segundo de ellos habló apurado.
- Venga. Démonos prisa, tengo una idea.
- No podemos llevarnos eso.
- Tenemos que llevárnoslo.
- Es físicamente imposible que nos lo podamos llevar.
- Eso lo dices porque no confías en Irina.
- Lo digo porque es imposible que podamos sacarlo por la ventana y que nadie se de cuenta. El que no confíe en ella es cosa aparte.
El primero de los hombrecillos resopló resignado. Un teléfono sonó a lo lejos. Los dos se miraron preocupados. El segundo de ellos habló apurado.
- Venga. Démonos prisa, tengo una idea.
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