lunes, 11 de febrero de 2008

Come away with me - Parte VIII

Tras la luz había una aire cargado de olores. A almizcle e incienso, a pachulí y mirra. La mujer de rojo se perdió entre la gente, qe iba y venía entre los tenderetes y puestecillos. Eran hombres y mujeres extraños, hermosos y grotescos. Había algunos que parecían gigantes de rostros rudos y brazos enormes, otros parecían famélicos espectros de dedos huesudos como ramitas quebradas. Y todos ellos desprendían ese aura de inquietud y misterio.

El mercado no siempre estaba allí. O no estaba allí para todos. Era necesario saber que estaba ahí para poder encontrarlo. Para poder descubrir todos sus pequeños recodos y secretos. Y aquí y allá había viejas brujas leyendo la fortuna o hablando con ancestros y espíritus, mercaderes que comerciaban con lágrimas y risas, a cambio de deseos y venganzas. Amén de las mercancías más banales, como la piel y la carne de exóticos animales, los libros de saberes ya olvidados o las promesas incumplidas que buscan compensación.
Hay miles de historia spor contar en un mercado como este, aún por pequeño que sea, pero a nosotros sólo nos interesa una.
La de dos pequeñas criaturas que ahora mismo conversaban con un anciano de un solo ojo.

No hay comentarios: