domingo, 10 de febrero de 2008

Come away with me - Parte VII

Vestía de rojo y llevaba un paraguas púrpura que se confundía con las cortinas de lluvia que llenaban la ciudad. Salió por la boca de metro y miró al cielo gris plomizo por un instante, sonrió y siguió caminando calle abajo. Sus pasos resonaban entre el repicar acuoso que lo inundaba todo.
Descendió a lo largo de una calle estrecha y vacía. Torciendo a cada esquina. Con un paso incesante y cadente. Como si disfrutase del paseo. Como si hablase con la piedra del suelo a cada paso. Como si la piedra disfrutase de que caminase sobre ella.
Siguió doblando cada esquina entre los callejones estrechos hasta llegar a una puerta vieja, de madera robusta y oscura. Llamó al con la aldaba de bronce tres veces y esperó bajo la lluvia.
A lo lejos se escucharon los pasos amortiguados por el sonido del agua al caer. Después chascaron tres pestillos y la puerta se abrió. Al otro lado había un hombre enorme e igual de fuerte que la puerta. Sus ojos eran dos pozos negros y su piel era de un blanco azulado. Inclinó ligeramente la cabeza a modo de respetuoso saludo y dejó pasar a la dama. Después se asomó a la calle y miró a ambos lados. Tras eso cerró la puerta con un golpe seco.
Al otro lado la silueta de la mujer caminando por un pasillo oscuro se recortó contra la luz blanca del final del túnel.

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